Texto originalmente publicado en masKreacción.

Amiga, amigo:

Estas semanas he visto cosas que me enfadan, y mucho. Algunas en las noticias, pero aún más en la gente normal y corriente. Os veo diciendo y haciendo cosas que me enfadan, y mucho, que incluso me parecen barbaridades. Lo que decís, lo que hacéis me parece un peligro.

Quiero que lo dejéis. Quiero que cambiéis. Lo quiero a toda costa. Quiero imprimir en vosotros lo correcto, mi correcto. Quiero obligaros a actuar según mi verdad.

Pero si me dejo llevar por esto ignoro quién eres tú. Se me olvida que tú, como toda persona tienes tus razones. Todo aquello que te lleva a decir lo que dices, hacer lo que haces. Todo aquello que es verdad para ti. Todo aquello que está profundamente enraizado en memorias, ideas, emociones… Tus razones. Intocables y sagradas para ti.

Y cuando sientes que las ataco te defenderás, a toda costa. Igual que yo me defenderé cuando tú atacas las mías. Porque detrás de lo que haces hay mucho, muchas razones profundas. Por eso, criticando, intentando enjuiciar tu acciones no llegaré lejos. Solo causaré enfrentamientos y sumisiones. Nos aleja aún más.

No es el camino. Para poder avanzar, para poder sobrevivir nos necesitamos los unos a los otros. Necesitamos poder descansar la una en la otra. Tú me necesitas a mí y yo te necesito a ti. Para que esto sea posible hay que hacer la paz.

¿Cómo la podemos hacer? ¿Cómo podemos encontrarnos a pesar de los abismos entre [email protected]? A lo mejor si nos observamos bien, si aceptamos que cada persona tiene sus razones, que estas razones son importantes, si hablamos de y desde ellas, a lo mejor cambia nuestra relación. A lo mejor nos encontramos de verdad, nos empezamos a comprender… a lo mejor así aprenderemos a construir un lugar para vivir.

Por esto te pregunto: ¿Cuáles tus razones?

Att.
Una chica que tiene muchas razones

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