Texto originalmente publicado en Demos cara al miedo.

Estos días hay una serie de noticias que me estremecen el estómago más que ninguna. No son las cifras del virus, no son los últimos fallos de los políticos, ni siquiera son los policías del balcón.

Son aquellas noticias que demuestran como este estado de alerta está atacando a las redes de solidaridad, autogestión y supervivencia que existen en el más allá mercado oficial capitalista. Cuando leo que han multado a los manteros que venían de coser mascarillas. Cuando leo que la policía multa por ir a la huerta, ya que plantar y cuidar de tus propios alimentos no cuenta como salir a ‘comprar’. Es cuando leo que han multado a personas por repartir comida a inmigrantes sin tener carnet de una ONG importante. Es cuando leo que muchos pequeños agricultores se han quedado canales de venta por el cierre de los mercados locales. Es cuando leo cuantas personas trabajo precario se han quedado sin vías de ingreso y sin poder acceder a las medidas del gobierno – pero de los que sí se espera que cumplan las exigencias de la cuarentena a rajatabla.

Es cuando veo cuantas personas e iniciativas de aquellas que llevo años defendiendo ya ahora mismo están siendo atacadas por las medidas del estado de alarma, por ser iniciativas y formas de vida que no cuadran en el esquema de empresa capitalista y trabajador-consumidor asalariado, personas e iniciativas que por elección o necesidad dependen de redes de solidaridad y apoyo mutuo informales, redes que difícilmente pueden presentar los papeles necesarios para poder funcionar sin problemas ahora, pero que sí son necesarios para la supervivencia de muchas personas.

Cuándo me imagino que estos redes e iniciativas pueden ser destruidas por el estado de alerta se me estremece el estomago. Pensar que la agroindustria y las grandes cadenas con todas su perversiones serán los ganadora en esta batalla. Esto si me da miedo, mucho miedo.

Estas iniciativas y redes son necesarias hoy, y lo serán más mañana cuando llegue la crisis económica que se avecina. Serán estos redes y esta producción local que nos podrán salvar la vida cuando nos fallen las empresas. El estado no nos va a rescatar, ni las empresas multinacionales. Por esto es urgentemente necesario que reforcemos y defendamos estos redes y personas hoy en día. Que sigamos trabajando en ello, reforzando e incluso construyendo. Aunque nos ataquen y nos multen. Sobrevivir, generar alimentos no es romper la cuarentena. Es tratar de sobrevivir en ella y prepararnos para el más allá. Una cosa es asumir que la cuarentena es necesaria, otra cosa es ser sumiso ante leyes que matan lo que nos da vida.

Ahora más que nunca es tiempo de defender la economía local y la autogestión.

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