Texto originalmente publicado en Demos cara al miedo.

En estos días en nombre de #quedateencasa se ha generando mucha presión para no sacar ni un pie a la calle. En muchos barrios cualquier persona que sale es escrutinada y condenada, incluso abucheada. El mensaje es: ¡Debes evitar salir de casa a cualquier precio! ¡Cada salida tiene que ser justificada y certificada! Si no cumples te persigue la policía pero también los vecinos. Ellos te juzgan y condenan, te tachan de irresponsable e insolidario.

Para reforzarlo abundan las comparaciones con el pasado. Cogen cómo ejemplo aquellas generaciones que tenían que ir a la guerra o esconderse durante meses en condiciones horrendas. Dicen que comparado con esto nos piden poco, ‘solo quedarnos en casa’. Dicen que esto no es nada, es fácil.

¿Pero realmente es fácil? ¿Para todos? A lo mejor a ti te parece, y también a tus amigos, a la gente parecida a ti. ¿Pero cómo lo vive el resto de la población? ¿Los otros?

Ya se habla de que hay personas que no pueden quedarse en casa por razones económicas. En los hogares con bajos o inestables ingresos no es posible parar. Hay que traer el pan a la mesa, hay que sobrevivir. Para muchos ‘ser solidario y quedarse en casa’ no es viable. Esto ya hay gente que lo expresa con claridad.

Pero poder quedarse en casa no solo depende de la economía, sino también del lado emocional. Si tu estás bien emocionalmente es fácil decir que es poco. ¿Pero qué pasa con la gente que no está bien? Sin esforzarme me vienen multitud de ejemplos en los que quedarse en casa se vuelve infernal.

Un factor importante es con quien vives y cómo es vuestra relación. Podrías vivir con una pareja con la que estáis a punto de separaros, y ahora os han encerrado juntos. ¿Cómo lo llevarías? O podría ser que vives con algún familiar al qué no aguantas: la suegra, la nuera, el tío… O podrías tener un hijo adolescente en plena fase de rebelión. Todo esto son situaciones comunes que ahora mismo están generando problemas en muchas casas. Aparte están aquellos con hijos pequeños que todavía no entienden la situación ni llevan bien lo de estar encerrados. ¿Cuántos de ellos llevarán a sus padres al límite y más allá? Y todas aquellas personas que por falta de recursos económicos viven como las sardinas, a menudo con gente que les cae mal. ¿Cómo es estar encerrados juntos sin ni siquiera poder cerrar la puerta de tu habitación? Y los que viven solos y no pueden ver a nadie, aislados 24 horas al día. ¿Cómo lo llevan? Es verdad que mucho de esto es responsabilidad propia, pero también es verdad que estas situaciones ahora mismo se pueden volver infernales. Y no puedes salir ni cinco minutos para airear la cabeza porque te persigue tanto la policía cómo la vecindad.

¿Y qué pasa con todas aquellas personas que tienen problemas psicológicos de verdad? Perdonad por decirlo en alto, pero en este país hay mucha gente que los tiene. Pueden ser patologías graves, gente que está profundamente enferma, esquizofrenia, depresión y otros trastornos – ¿Cómo les afecta el encierro? ¿Realmente lo pueden llevar? ¿En algunos de ellos ahora mismo estará empeorando? ¿Y cómo es para las personas que conviven con ellos?

¿Y qué pasa con personas que tienen problemas aparentemente tan leves cómo por ejemplo la ansiedad? ¿O la claustrofobia? ¿Cómo llevan ellos estar encerrados? ¿Qué impacto tiene en su salud mental? Una amiga mía sufre de ansiedad y la mejor medicina para ella es salir a correr. Si no lo hace se pone nerviosa y agresiva. ¿Cómo lo lleva ahora? ¿Qué efectos secundarios tiene el encierro en su casa? ¿Lo pagarán los hijos? Porque la ansiedad no se disuelve así porque sí. Contra ella no sirve decir que se calme, no sirven consejitos superficiales, ni cualquier meditación.

Decirle a ella y a muchas personas ‘solo es quedarse en casa, es poco’ es insultante, porque para ellos no es verdad. Su realidad es que ahora mismo lo están pasando mal, muy mal por estar encerrados. Están sufriendo por ni siquiera poder salir a caminar o correr. Y a algunos incluso ahora mismo estará empeorando su salud mental.

¿Y qué hacemos nosotros? ¿Los que nos sentimos a gusto en casa? Juzgar, señalar, tachar, compararlo con situaciones históricas mucho más peligrosas. Es verdad que en otras épocas salir a la calle era para ciertas personas era un riesgo mortal. ¿Y cuántos de ellos no aguantaron, salieron y los mataron? ¿Cuántos se volvieron locos en este encierro? ¿Cuántos terminaron suicidándose por no aguantar más? Por suerte no estamos ahí, no tenemos que elegir entre nuestra vida y nuestra salud mental. Nuestra situación es más relajada. Y por tanto no es necesaria la misma presión que entonces, que actuemos como si cada momento en la calle fuera un riesgo mortal.

Recordemos que algunos países incluso recomiendan salir, lo recomiendan mientras que sea al aire libre y en solitario. Lo recomiendan para cuidar la salud tanto la física cómo la mental. Sé que aquí en España está prohibido, que por ley no debes salir a caminar. Por lo menos a mí no me parece bien, creo que agrava la situación innecesariamente. Porque me preocupa el virus, sí, pero también me preocupan los demás daños, daños causados por cómo llevamos la situación. No creo que debamos aumentar el sufrimiento de manera innecesaria. Y esto incluye también el cuidado de nuestra salud.

No puedo cambiar la ley, pero si puedo cuidar cómo yo me relaciono con las personas. A quién necesita salir no le culpabilizo, al revés, doy por hecho que tiene razones. No puedo cambiar la ley, pero tampoco me convierto en guardiana de ella. No tengo porque calificar, denunciar, abuchear. Me pregunto: ¿Por qué sale? ¿Por qué lo podría necesitar? Cuando veo una persona no sé lo que lleva, no sé si y donde trabaja, y tampoco cómo es su estado emocional. No tengo porque juzgarles ni cómo. No es mi lugar. En vez de esto podría acercarme (algo) y preguntar: ¿Qué tal? ¿Cómo te sientes? ¿Qué necesitas? ¿En qué te puedo ayudar?

Ser solidario no solo es quedarse en casa, es actuar teniendo en cuenta nuestra humanidad. Es recordar que la mayoría se está esforzando por llevar la tensión actual de la mejor manera de la que es capaz. Es recordar que quizás a alguno todo le es demasiado, que quizás esta superado, que quizás está a punto de explotar. Es recordar que es una persona humana que quizás necesita airear la cabeza, ver otras caras, una oreja que le escuche con todo el corazón.

Esto que ya en la vida normal tanta falta hace, y ahora mismo, en mitad de la crisis, pues ahora más que nunca. Así que, por favor, mostremos un poco más de empatía y comprensión. No te burles, no juzgues, recuerda, muchos están mucho peor que tú.

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