Texto originalmente publicado en Demos cara al miedo.

Estamos ante una realidad nueva

El virus ha llegado y todo el mundo tiene una posición ante él. Puede que estés en uno de los epicentros de la infección o en un pueblo en el que todavía no hay ni un caso. Puede que en este momento ya estés en pánico o que todavía el tema lo sientes lejos. Puede que haya muchos temas que te parecen más importantes y te cansa el bombo que se le da al tema. Es posible que te gusten las medidas del gobierno o no, que creas en lo que dicen los periódicos o no. Es posible que creas que todo esta crisis es resultado de unas coincidencias, de que es un castigo de la naturaleza, de que es parte de una guerra biológica o una conspiración mundial… Hay una infinidad de posiciones ante el virus.

Pero lo que todos tenemos en común es que nuestra vida cotidiana ha cambiado radicalmente y que seguirá cambiando a lo largo de las semanas que vienen.

De momento las diferencias más obvias son el confinamiento y distanciamiento social, el cierre de muchos negocios y el parón laboral de muchas personas. Casi toda nuestra vida cotidiana ha cambiado. Y este cambio va acompañado de un cambio en el ambiente, de otro el sentir. Hay una tensión. Y en muchos momentos, en muchas personas se está arraigando el miedo. De momento en la mayoría de las personas solo es un pequeño brote, una llamada de atención, pero está. Yo también ya lo he sentido, ya he tenido que hacer un esfuerzo consciente para controlarlo. Me parece un factor igual o más peligroso que el virus mismo. Lo que hacemos guiados por el miedo a menudo es muy dañino, y ahí no importa que lo hagamos a nivel personal o cómo sociedad.

¿Cómo reaccionaremos ante lo que vendrá?

Ahora entramos a dos semanas de cuarentena y es probable que será más. Y por lo menos durante el primer tiempo la cosa irá a peor, tanto aquí cómo en el resto del mundo. Nosotros estaremos encerrados mientras de que las noticias malas llegarán. La tensión aumentará. Esto irá para más antes de relajarse. Bastante más. Hasta donde llegará, ya veremos. Y todo lo que esta por venir, ¿cómo nos hará sentir?

¿Cómo nos impactará ver las cifras de enfermos aumentar? ¿En el mundo, en nuestro país, en nuestra ciudad? ¿Y qué sentiremos cuándo la enfermedad se acerca a nosotros? ¿Cuándo se enferme algún vecino? ¿Alguien querido? ¿Si nos enfermamos nosotros mismos? ¿Y si se muere alguna persona cercana? ¿Alguien que conocemos personalmente? ¿A lo mejor incluso alguien querido? Es muy fácil estar relajado cuando el virus parece lejos, cuando no nos toca personalmente. Entonces vemos las estadísticas, recordamos que tiene una baja mortalidad y que en casi todos los casos no hace falta ni medicarse. ¿Seremos capaces de acordarnos de esto cuándo nos toque directamente? ¿Seremos capaces de mantener la misma calma? ¿De reaccionar bien? ¿O alimentará este bicho del miedo hasta que nos rindamos a él?

Y aquellos que sí salen, que tendrán que pasar por calles vacías, la cabeza llena de avisos de seguridad, ordenes para evitar contactos que apenas se pueden evitar. Muchos de ellos irán al trabajo, a menudo trabajos que se han vuelto de riesgo. ¿Cómo llevarán estas salidas diarias? ¿Cómo les hará sentir? ¿Cómo llegarán a casa después de estos viajes? ¿Cómo lo llevarán sus familias? ¿Les dará miedo el contagio? ¿Aumentará la tensión en casa por esto? ¿Cómo nos hará sentir?

Y hay otros factores empeorarán la situación, la economía por ejemplo. De momento esto ya se ve claramente en las familias que ni antes llegaban a fin de mes, cuya vida lleva tiempo bajo la tensión de la superviviencia. Estas familias ni siquiera han podido llenar la nevera ante esta crisis. Ahora miso estarán dudando que tendrán para comer mañana. ¿Cómo estarán llevando este aumento de presión? Y mientras tanto muchos otros están temblando porque ya no tienen ingresos pero siguen teniendo los mismos gastos. ¿Cómo llevarán esto? ¿Realmente el gobierno va a proteger toda esta gente? ¿O irá creciendo su agobio y desesperación en estás semanas? ¿Habrá cada vez más casas en las que crece la escasez? Y cuando a estas casa llega el virus, ¿cómo les impactará? ¿Cómo les hará sentir?

Y encima de todo esto estaremos aislados, dentro de las casas, con las vías de contacto humano extremamente reducidas. No podremos ir a ver a nuestros amigos para que nos den abrazos, ni siquiera podremos escapar de casa para dar un paseo. Si un día se me dispara la cabeza y se me sube la paranoia, ¿qué haré con ello? ¿Dónde puedo encontrar apoyo? ¿En las redes lleno de mensajes contradictorios? ¿En los medios de comunicación que hablan 24 horas al día del tema? ¿En la ventana mirando a las calles vacías? ¿En las personas en mi casa que podrían estar más desquiciados que yo? ¿Cómo llevaremos este encierro? ¿Y si llegar< a durar meses? ¿Esta falta de cercanía humana? ¿La inactividad forzada mientras de que el mundo exterior se escala? ¿Qué nos hará sentir?

¿Y si la situación se pone más tensa? ¿Si empieza a ver problemas de suministro de algunos productos? ¿Cómo reaccionaremos? ¿Y si empezaran a endurecer las medidas? Policía y militares en las calles, puntos de control en las que solo podrás pasar con los papeles correctos. Represalias contra aquellos que rompan la cuarantena. Racionamiento de comida. Reparto de raciones de emergencia a casas… Hace pocos días esto era una posibilidad lejana y de repente esta dentro del rango de lo que nos podemos imaginar para el futuro próximo. Si llegara a pasar, ¿cómo nos impactaría? ¿Cómo nos hará sentir? ¿Nos cambiaría?

¿Y todas estas emociones en conjunto? ¿Qué harán con nosotros? ¿Cómo cambiarán nuestra forma de pensar? ¿Nuestra forma de vivir?

No sé que va a pasar, pero estoy convencida de que cuando pase esta crisis estaremos cambiados, tanto a nivel individual como la sociedad entera. Hacia dónde dependerá mucho de cómo llevamos estos impactos emocionales.

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